2007/08/02

La historia romántica, dispersa y vaquera, de las comas, explicativas, enumerativas, que surgen, a veces, de más, y se quedan, certeramente, allí.


Estas, en serio, son, my son, dijo, queriendo decir hijo mío, al hijo suyo, suyo de él, tentaciones inmensas, e inmenso fue el horizonte que sus ojos, inmersos en él, pintaron, tentaciones inmensas, repitió en su pausado hablar, que se presentan como serpientes, diamantinas, escamadas, y silbantes, tentadoras, escondidas en maleza, maleza ellas a su vez, y debes, dijo al hijo, mientras ellas, la mirada y la voz, surgiendo urgentes, le mostraron toda la turbación al joven, expectante, saber cómo, cómo y cuándo, su veneno, ya probado por el viejo, en aquella incierta, confusa situación de tiempos, bellos y eternos, pero ya lejanos, debes, siempre que puedas, afirmó sin pasión, pues sabía que él mismo no lo había logrado, en el instante, fugaz e imborrable, de batir en duelo a su destino, pero con esperanza, ya que la voluntad del joven, agitada como los mares con el huracán, arremolinada e imparable, podría enfrentar con mejor suerte, esa suerte que le fue adversa, la tarea severa, evitar, evadir con gracia, cual gacela pintada por mano diestra, de genio pintor, de maestro creador, cual gacela rampante, de lejanas tierras ignotas, tierras bellas, al, y aquí hizo una dramática pausa, ocuparte, sentenció con la voz del trueno, herencia incuestionable del linaje, legado de la vida en el continente, de, y exhaló al fin, como quien muere, escribir.

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