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2015/11/14
Perros y gatos
2014/09/08
Derrotado
Estoy harto de siempre perder. No hay otra cosa que mi derrota, regada en las sombras que dejo.
Pierdo de entrada. Ya solo me encojo de hombros. Dejo que pasen sobre mí. Cierro los ojos como la liebre cuando llega el colmillo del lobo. Aguanto lo que venga, bajo la cara, me humillo por anticipado.
Voy un paso atrás, siguiendo, sumiso. Sé que viene el golpe. El periódico enrrollado contra mi hocico. Me señalan el rincón. Voy encogiendo el rabo. Cruzo otro humbral. Veo el dedo. Temo. Viene por mí. Se acerca. No recuerdo cómo le ofendí. Existo, con eso hay. He hablado.
Explota por oírme. Comprensible. Quiere mi sangre. Me hinco. Ni siquiera soy digno de su ira. No se envilecera, preferirá amanzar su ira y redoblar su desprecio.
Si tan solo la muerte...
2013/03/20
Cómplice
2013/02/17
Vivir con muerte
Muchas variaciones de esa certeza, decía, cruzan mi mente. Un día afortunado, caminando bajo el cielo perfecto, con nubes algodonadas como las del país de Jorge Isaacs, con brisa leve y el olor de las plantas sonriendo apareció otra vez: Imaginé que sería genial que un rayo me quemara y evaporara. La norma cultural dicta que me habría de partir, pero la lírica popular tiene que limitarse a la verosimilitud, y un rayo no parte, lo que hace es parte de su belleza. Esa cantidad contada e ingente de energía cocinando las carnes y las vísceras, quemando el cerebro y cada nervio, en un instante mínimo. Y lo mejor: ocurriría en un día en que todo parecía ir genial. Con un trabajo decente, sin mayores deudas, habiendo salido airoso de tristes reuniones, habiendo visto a algunos y hablado con otros amigos, pero de forma incompleta, sujeta siempre a la incompletud de la vida.
La imagen habitual, sin tanta historia ni consideración, es verme colgando de una viga saliente de un edificio lóbrego, una tarde de nubes con el sol en contra. Quieto. Ni siquiera mecido por el viento.
La segunda imagen recurre con mayor frecuencia. Tiene un resorte simple, que la lanza al aire al menor esfuerzo.
En otros días, esperaba una muerte venida del accidente imposible, uno de buena fe e imposible de atribuir como culpa individual. Repentino, inmenso, imposible de superarse. Con sangre, pero sin tiempo. Tal vez el golpe de un tren, lo que hace lamentable la poca difusión de los rieles en el mundo.
De tan común este pensamiento que ha evolucionado a una sensación y a un dispositivo. Como sensación, es fría; como dispositivo, es depredador. Cuando esa sensación ataca por primera vez una idea, duele y congela, como cuando supe que nadie estaría conmigo en ese arreglo amatorio. Ardió, se enfrió, dejó un vacío y una cicatriz. Cuando reincide sobre el mismo punto, solo es frío. Como hoy, al escribir la soledad.
Así la muerte pasa a ser un ingrediente más de la vida. Un ingrediente activo en esta existencia medicada. Que se suministra a sí misma en dosis soportables y al que no se genera resistencia nunca.
Solo la intriga, el temor, la tristeza de cuándo, cómo y dónde la dosis será fatal.
2011/01/11
No creo
2009/12/24
2009/04/12
Teatro de la Muerte Acto final
-Le hablas a un muerto.
-¿Tanto tiempo tardó esta conclusión?
Se cierra el telón. Intentos de aplauso pronto acallados.
2008/02/23
Teatro de la muerte Acto octavo
-No me hagas escoger...
-Lo ruego. Antes o ahora, ¿qué es peor?
-Es como escoger entre ser envenenada o ahorcada.
2007/12/04
Ceniza
conservo de tus labios un recuerdo tibio
venido de los días previos al estío.
Ni labios, ni llamas ni estío. Argumento y símbolo aquí son la ceniza.
2007/11/10
Teatro de la muerte Acto Séptimo
—¿Cuándo eras bueno?
—Reconozco que ahora ya no soy tan...
—Tú nunca fuiste bueno.
2007/10/25
Teatro de la muerte Acto Sexto
—Algo me duele mucho más que el incesante ruido...
—No me importa.
—... y es el silencio indolente.
2007/10/21
Teatro de la muerte Acto Quinto
- Me gustaría ir más rápido...
- ¿Qué tanto?
- Tanto como para dejar atrás mis pensamientos.
2007/09/28
Teatro de la muerte Acto Cuarto
—Aún tengo la esperanza de que me maten.
—¿Esperanza?
—Sí, vana esperanza.
Teatro de la muerte Acto tercero
—Tú me gustas. (Ríe)
—Tú no. (Ríe)
—¡Qué bueno que somos sinceros! (Ríen)
Teatro de la muerte Acto primero
—¡Dios los proteja...!
—¿A cuál dios te refieres, vieja?
—Al único.
2007/09/21
Humo y ceniza
-No hay vicio que no sea tonto y al fin todo es...
-¡Este es el más!
-...humo evanescente y ceniza inerte.
-¿Te quieres morir, entonces?
-Tengo qué.
-¿Con mil dolores?
-Quizá con más...
-Y encima, me quieres matar a mí.
-No, nunca, a ti no, quizá a otros...
-Tu humo venenoso me llega igual.
-Humo es lo que puedo dejarte y veneno es lo que soy.
-Apágalo. Por favor.
-¿Y perder el fuego doméstico, su cruel tibieza y su sabor a fatalidad?
-Apágalo. Apágalo por mí.
-¿Por ti?
-Sí, por mí. Solía ser un buen argumento.
-¡El mejor!
-...aún está encencido...
-Solía ser el mejor argumento para vivir.
-¡Apágalo o lo apago yo!
-¿Cuánto más puede durar?
-Más de lo conveniente.
-¿Conveniencias a mí?
-¿Qué quieres que diga?: Lo detesto.
-Su fin está cerca, ¿por qué apurarlo?
-El tuyo no, ¿por qué apresurarlo?
-¿Por qué no?
-No diré que porque te amo. Ya no.
-Tú ganas: después de eso, nada más.
-¿Era tan difícil? Sólo era un maldito cigarrillo.
-Sí, mi maldito cigarrillo.
2007/08/25
Yazgo
porque no comprenden que no irradio,
que no brillo,
que mundano abrazo al mundo.
Como hongo o quizá como liquen
me aferro a esta piedra
en la entrada de la cueva.
En las mañanas me ocupan las sombras allá adentro,
a la tarde las criaturas me entretienen.
Y en las noches soy feliz
cuando la noche negra
me devora,
me borra,
me niega:
Soy la misma sombra de la roca,
soy
(no yo),
soy granos de tierra
sin raíz.
2007/08/06
En la última playa
Un hombre, el que todos seremos alguna vez, dormía profundamente. Tenía la frente apoyada en el antebrazo izquierdo como resguardándose del inminente mal, enfrentaba su espalda desnuda a la infinidad del espacio, sus piernas se extendían sin el menor movimiento sobre la suave pendiente de esa parte del mundo. Su mentón barbado estaba anclado en el suelo y bajo sus plantas se veían gránulos de arena discontinuamente adheridos a la ruda piel. A consecuencia de los pesados trabajos que realizó, era víctima de un sueño profundo. Respiraba hondo y despacio, parecía que de una aspiración quisiera abarcar el largo del mar. Su pecho se hinchaba lentamente y cuando ya casi iba a estallar, empezaba un parsimonioso silbido de desahogo respiratorio.
Sentía a la vez la caricia de unos delicados dedos y de una hermosa canción. La dama que le acariciaba el cabello movía sus manos con gracia indecible. Sus movimientos al borde de lo imperceptible se fundían con el tacto de su larga y negra cabellera sobre la piel cansada; unos y otros eran del mismo material de la canción, que hechizaba con sus oscilantes notas al marino en retiro. La dama apenas se distinguía entre las hierbas florecidas que la rodeaban. Sus manos delicadas se movían dejando una estela de luces dispersas. Similares destellos producían las gotas del manantial –ese que se presentía tras la imagen de la dama– al romperse contra las piedras redondas del cauce. La canción en voz de la mujer sonaba a solo de clarinete y evocaba los más cálidos sentimientos del amor.
A ella que todo lo sabía, una lágrima le cayó de los ojos verdes. ¡Llanto de los mares, Tristeza de esmeraldas! La perla líquida rodó por esa mejilla tan lozana y tan pura como el anhelo de los náufragos. La lágrima al fin tocó al marino. Él percibió que la tristeza invadía inevitablemente aquella perfecta escena, que su paz se estaba derrumbando y el fin estaba cerca. Quiso sin embargo hallar la razón del llanto, y buscó a la dama con la mirada.
Así rompió el sueño.
Amanecía con una llovizna incómoda en la última playa del mundo. El hombre sin fuerzas que estaba echado sobre el pecho emitió una queja queda. La boca le sabía a sangre, en el estómago le ardía el hambre, algunos huesos rotos le reclamaban quietud y en la mente tenía la certeza de que su vida duraría lo que durara la marea baja. Recordó su niñez y los labios bellos de una mujer adorable. Intentó suspirar. Lo atormentaron visiones de errores pasados, de su ambición y su estupidez. Quiso llorar. Ahora sí era cierto que estaba perdido y supo qué debía hacer.
Volvió a dormir y se esforzó en soñar. En un instante estuvo de nuevo en una tibia tarde. El olor de las cortas hierbas salvajes y la ternura del pasto le hacían cama. Un suave murmullo de agua juguetona le reconfortaba el alma y la música de coloridos trinos lo acompañaba. Participaba pasivo de la armonía florida de la creación. Pero esta vez, ella no estaba allí.
2007/08/02
Cuartetos sonoros para mi velorio
Llegaron mis días
O ya no llegarán.
No faltó algarabía
Ni motivo para llorar.
*
De mi puerca vida vagabunda,
Yo les puedo dar explicación:
El que andemos certeros a la tumba,
Nunca fue para mí motivación.
*
Si me siento a hacer balance,
El Cielo está a mi alcance:
Yo ya cumplí mi meta
De ser perro alcahueta.
*
Éxito es perseverar por un motivo
Y hasta el tuétano entregarse
O hacer como yo y jactarse
De carecer de todo objetivo.
*
Vano es todo lo escrito,
Palabras que al aire irán,
Por eso yo les repito
Al fin da lo mismo silbar.
*
De mi vida el ajetreo
En detalle cuéntalo
La afinidad con Tántalo,
Sísifo y Prometeo.
*
Los dioses quisieron por destino,
Por castigo, por pena, por congoja
Esto que vino a ser mi estilo:
Que toda rima mía salga coja.
*
Que conste en mi testamento:
De este ilustre simio
Es sólo el aporte tibio
A este trozo de cemento.
*
Cuando zarpe mi barca,
Todo lo mío cedo,
Porque en vida todo se paga
Y a nadie decente debo.
*
Aunque por obras no cumplidas
De antaño tengo comprometidas
Mil plegarias a los santos,
Y tantos millones a dos bancos.
*
Verán en mi nido ciertos bienes,
Propios de la gente de los caminos;
Y aquellos libros en los anaqueles
Que si no leí, pues no fueron míos.
*
Embargar aquello devendrá reto.
Y yo les digo como buen poeta
Que si no pudieron cobrar la letra,
Yo feliz les regalo todo el alfabeto.
*
Mas si quedaran acreedores,
Que lleven cerveza a mi funeral
Y se lucren dichosos estafadores
Tornándolo carnaval.
*
Sea, pues, mi mundana despedida
Tal cual para el pueblo primitivo,
En derroche alegre se dé vida:
Que la muerte para fiesta sea motivo.
*
Donde les plazca, hagan mi funeral
Dado que este rito desdeño
Pero sobre el velorio ordeno
Sea en prostíbulo de arrabal.
*
Vengan zorras y mojigatos
A verme dejar esta tierra,
Dejen en paz a los ingratos
A un lado hablando mierda.
*
También es bienvenido
Aquel inmenso grupo
Que me tiene (no los culpo)
Por cerdo mal parido.
*
Que los mojigatos se agobien
Y que los crueles se alivien.
Ilusos ambos sobre la muerte
Y de cómo cambia la suerte.
*
Al más mentiroso ruego
De mis padres se ocupe
Componiendo un embuste
Que me pinte como bueno.
*
Para vestir al cadáver
Ni ropa nueva ni prestada,
Mejor vestido no puede haber
A mi sucia piel arrugada.
*
Y no se preocupe ningún doliente
Si al tanto parezco dormido,
Pues esta vez, seguramente,
No joderé con el ronquido.
*
Porque me fui que no lloren
Ni por mis pecados oren.
Mi condena ya fue disfrute
Y mi soledad, eterno lastre.
*
No caiga en mi caja el llanto
De ciertos amores callados.
A este punto ya estoy harto
De tanto andarlos buscando.
*
El llorar sólo será aceptado
De a quien en verdad le duela.
Comprendo. También me ha afectado
En vida un dolor de muela.
*
Y no clamen por mi regreso
O bien pronto será su rezo
“Mi Santo Jesús Resurrecto,
Líbranos de este espectro”.
*
Como fantasma puedo ser peor
Repitiendo siempre mi eterno error:
Permanecer sin que importare
Y hablar al que oír no quiere.
El amor
Yo recomiendo el amor, para que mueras por él cada instante. Ama a diestra y siniestra, ama con ardor, con pasión, con todo el ardor del v...
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No quedan luces en el mundo. Dificilmente se captan los perfiles. -Le hablas a un muerto. -¿Tanto tiempo tardó esta conclusión? Se cierra el...
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En la calle en noche de feria, justo frente a un bar. Es luna llena y huele a rosas. —Tú me gustas. (Ríe) —Tú no. (Ríe) —¡Qué bueno que somo...
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Tengo un pez espada atravesado en la garganta, y resulta muy incómodo cuando entro a un ascensor, entonces, mejor la escalera, y también cu...