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2016/08/18

Ojos perdidos

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Porfirio Barba Jacob 
(Canción de la vida profunda, fragmento)


Tú tienes unos ojos muy verdes, de un verde oscuro que se ve poco, no sabría si más bellos que los tuyos, de ese marrón profundo y cálido;porque los tuyos tienen mucho peso sobre ellos, mientras que tus cejas son perfectas, las cejas reales, con fortaleza, con cadencia, pero aunque te estés yendo, quiero decir que son lo más bello o casi lo más bello en tu cara, ya no lo sabrás, pero esos labios son increíbles, te lo diría si fueras a aparecer de nuevo, ahora solo te digo que caminas con encanto cuando desapareces, pero tú, que recién llegas, seguro te has fijado en que hay mucho esfuerzo en esos pasos calculados, me gusta que andas con descaro, con total carencia de interés por mí y cualquiera que se te cruce, quizá por eso te sientan tan bien esas faldas que el viento que puede mover y mueve como le dé la gana para conspirar con tus piernas fuertes, y así en un oleaje de pasos no me dices adiós ni me dices nada, porque no hay nada que tu pequeña tormenta personal no diga y que no deje huella en quienes pasan, ¿cierto?, ¿la has visto?, sí, sí la has visto con ese mirar despectivo de la desaprobación femenina a la diferencia estratégica; claro, tu estrategia está en otro plano, si no fuese por el golpe aromático que te anuncia, tu sutileza sería una trampa casi efectiva para ocultar aquí el talle y el detalle invisible en la media, allí un giro perfectamente planeado del cabello, ese brillo mágico, el botón preciso en la tensión precisa, el color que marca sin que podamos entender cómo el párpado y esa sonrisa indetectable y evidente a la vez; sí, sólo tu perfume tiene la clave de misteriosas intensidades ocultas a lo evidente, o quizá sea el contraste necesario para ti, que vienes solo para esperar en esta esquina el momento adecuado para cruzar esta calle donde vienen ellas, sí, las entiendo, entiendo su amor, sus ojos que habitan el mismo paraíso, lo sé porque ella te ha visto el busto cuando vienen hacia mí, te vi, no lo puedes negar; te ha gustado, por eso que comparten, los otros que notáramos la transparencia de la blusa, seríamos nada más que fisgones entrometidos, lastimando esa aura pura que proyectan, eso que les agradezco que nos regalen, casi tanto como te agradezco ese corte de cabello y ese cuello casi infinito, y a ti te agradezco el tributo punk de esas medias rotas, en serio, tanto como aprecio tus direccionadas y precisas formas; no la veas así, la interrupción programada y preparada de esa malla en esos puntos tan específicos tiene una historia política tan profunda y una estética tan honda como las flores de tu accidental compañera de trabajo y como las cuentas coloridas que alegran tus muñecas, tus orejas y tu cuello; la malla grita una causa con diferentes tonos de sensualidad (si muy fuertes y desapacibles para ti), tus cuentas hablan idiomas distintos en favor de las esbeltas formas que aprecias no tener que apreciar, pero que en un modo distante y elaborado, pensativo, razonado aprecias, y las flores vienen de lejos, con historias de alegría, de cuidados especiales y mundos vedados de ser mujer, cosas que entiendes, que apreciaste y dejaste de apreciar por cerdos como yo, que ven la forma de este hermoso culo y este busto fenomenal marcados en y por la geometría impecable de  los cortes y las puntadas de un clásico incontrovertiblemente perfecto de la feminidad de esta civilización, de lo que esta civilización que recorres con el paso grácil que tú tendrías al caminar con un vestido blanco en un campo de flores, o tal vez sea que eres el campo de las flores que nos halagas con tus pétalos, o tal vez yo sea un simplón que no puede decir nada sobre tus atributos sin perderme en los clichés, un maldito más que solo ve lo más plano de ti, los accidentes más efímeros, perdido en la tonta incapacidad de controlar buscar en el mundo el placer de disfrutar las formas te tu belleza, de tu cabello rojo, castaño, negro, tus pestañas cortas y largas, crespas y rectas, tus ondas, tu fuerza, tu ritmo, tu voluptuosidad, tu recato, tu dulzura, tu ferocidad, tu volatilidad, tu teatralidad, las formas todas de tu misterio, tu indescifrable misterio y de tu siempre presente e inalcanzable misterio.

Lamento haberte incomodado con mi mirada.

Adiós.

2013/07/28

Contra Virginia, insultos machistas

Qué tranquilidad la que viene de saber que nadie te lee. Poder dedicarte como en el más secreto diario a escribir las cosas que no le importan a nadie con el refinamiento que nadie necesita, dedicando el rigor rococó a los asuntos que a mí se me dé la soberana gana.

Escribir, además, los errores que me gusta apreciar, en cosas como el desvarío por la vida y el amor decimonónica. Diría ayer, y no importa: un día fui invitado a abandonar los modos (y cito) de hombre victoriano. Me fue sugerido no abrir puertas ni dar paso a las mujeres, no guardar el atento cuidado, dejar las pendejadas de ese tipo; incluso, dado que ya entendí el asunto, desechar la palabra mujer, puesto que no indica nada que uno debiera enunciar, que uno pudiese llegar a tener la autoridad de usar, un nombre sacrosanto solo pronunciable por las sacerdotisas del culto de la mujeridad y aquellas indiscernibles entidades que puedan, quieran, lleguen a denominarse con la sacrosanta prohibida palabra.
Ante ello, el prometido error. Pensaba, defendiendo el imposible, que habría un grado de rescatable solemnidad, un respeto posible por el tratamiento diferencial, cuando ello es indefendible y mal visto, y en función de ese rescate del hundimiento mortal imaginaba que en algún grafiti digital iba a dejar constancia de un repelente y esperpéntico desquite verbal que iba así:

"Sí, lo reconozco, soy un tipo victoriano. Por ello quiero a una mujer victoriana: a Virginia Woolf."

Listaré los errores, para diversión de las futuras generaciones de filólogos, o solo para que la frase "Listaré los errores" permita que la clasificación automática que realicen los robots de la CIA sea adecuada. Además del uso del término prohibido, error obvio que me llevará a las hogueras posmodernas en tanto que no creo tener la voluntad para evitarlo y las contundentes tendencias suicidas que me marcan; además del uso aquel, decía, malditas frases intermedias, miles de paréntesis (y este frecuente recurso de despotricar abiertamente del recurso usado), usé el apellido de casada de Virginia. ¡Dígame nomás! Qué atrevimiento tan horroroso, tan denigrante, tan infame, tan desagradable y tan vergonzoso.

No marco las admiraciones porque no me salen. Hablo (redacto) con un tono neutro casi frío. La verdad, me confieso culpable del crimen de pasadismo. Hablando de prejuicios históricos, soy un tipo errado de siglo, venido de uno pasado: ya no crimen sino pecado mortal ante el futurismo del presentismo presente.

El último error para marcar en el abandonado epitafio de mi dizque heteronormatividad, ataca ese glorioso principio- deseo del futurismo del presentismo presente. Digo que Virgina era victoriana, pero como ella es de las buenas, no puede atribuírsele un adjetivo tan pauperizante a la gran Virginia. Ella era (¿es?) una mente de su futuro, incluso de nuestro futuro. Es una persona presente, cotidiana, pero más allá de sus días y de los nuestros. No puede decirse que ella fuera victoriana, entre otras, porque deconstruía y reconstruía la sociedad (pasada) que tuvo la extraña suerte (afortunada para Keynes, Russell y definitivamente para Woolf, el esposo, obviamente; mientras que desarfortunada para Virginia y nosotras y nosotros) de ser su partera. 

Hay quienes dicen que Woolf fue  negligente. El esposo, claro está. Que la hubiera podido mantener viva otra novela, un par de ensayos más, alguna obra de no ficción más. No creo que alguno imagine posible que le hubiera logrado curar su bipolaridad, ya porque no crean en la letra menuda de la psicopatología, ya porque era el tipo ese parte de la enfermedad de Virginia.

De forma similar, no creo que alguien pudiera tener tan escasa inteligencia para creer que a mí se me curara la victorianidad de un momento a otro (de aquellas bellas épocas al ahora). Máxime si me declaro enamorado de Virginia, aunque la nomine Woolf.

Qué triste que esta augusta confesión (tan cercana al triste agosto) se agoste por su silencioso pronunciamiento. Qué triste (así, sin admiraciones) este abandono a la posibilidad del cambio. Qué triste hundirse con la nave.

Aunque el hondo mar que devora todas las tristezas sea el destino máximo de toda criatura de sal que rueda el mundo. La tumba última, el fondo del que no se baja más.

2013/04/14

Romanticón caduco

Uno despierta un día con antojo extraño, digamos, de oír cantar a Amaia Montero. El mundo conspira y mientras hace oficios domésticos, una vecina profesa cantando una "Dulce locura", ese drama de historia de amor sin cierre, de cierta confesión de error imperdonable y de la partida de un alguien incomparable a los otros... a todos los demás...

Resulta extraño traer bajo la piel ese espíritu romanticón tan barroco, tan caduco, y no sentirse perdido en este mundo cotidiano. La voz ronca y bizarra de Amaia, en solitario y con la parranda de nerds españoles que cuentan la historia de la oreja de Vincent, hace un poco de daño. Es un medio adecuado (atípico, indefinible, difuso) para transmitir esas fantasías posibles de la gente que se enamora. (Aunque se canta principalmente sobre la gente que se muere de amor, de desamor, de amores distantes o mal recibidos). Es una voz sonriente, casi feliz ante la imposibilidad e el destino incompleto de las relaciones. Casi suicida, emocionada por entregarlo todo ante apuestas más bien flojas sobre cómo la gente lleva a otros en el corazón.

El día avanza, hay caminatas con perros almuerzos con cargas enormes de grasas y carnes: deliciosos. El sopor de la tarde viene contento, llega con una cerveza refrigerada al punto adecuado. Y predeciblemente pero no sin cierta molestia, recibo otra vez a Amaia. Quiero estar a su lado, quiero querarla o morir. Claro: plagio. Ella lo dice sobre una imagen indefinida a la cual es reunida en un día magnífico. Ella se desvive en mil variaciones de su forma de celebrar el encuentro con alguien del que no sabemos nada más que su presunta existencia y casi confirmada llegada.

Uno se contagia, se ablanda el escepticismo, y se dice complacientemente: si le canta así, ha de ser un gran tipo. Claro, esto es un salto de fe basado en un reporte muy indirecto. Muy malagente, imagino que ella podría ser una acosadora. Pero esa voz arequiposa me convence en creer que una acosadora así haría bien en la vida.

¿Quién querría un monumento en mármol de quince o veinte metros, un premio Pulitzer o una Orden de Boyacá, en vez de una Amaia enamorada y perseguidora como recompensa a una vida bien llevada?

Tal vez el virus romántico me ataca de nuevo (¡jah!, dizque 'tal vez': ¡seguramente!), porque reconozco la melaza en la anterior pregunta. Explican los microbiólogos, los inmunólogos y yo, que lo supuse antes de leerlo en una nota científica de periódico de domingo, que los virus no abandonan el sistema en el que han habitado, solo que entre el huésped y el visitante se crea un arreglo para que el último no se tome -a menos que el primero dé papaya- el poder nuevamente. Es decir, se puede vivir muchas veces la misma gripa.

Este herpes romántico está lanzando nuevos brotes en mí estas horas dominicales. No al punto de nuevas baladas y definitivamente no al punto de gestas imposibles. Pero se siente ese golpe raro en los cachetes que fuerza una risita estúpida, como si algo en el mundo andase bien.

Como si una mujer pasajera aclarara luego de ingentes halagos que 'el himno que escribo es sincero' y uno pudiera creerle. Si ella (imposible de entrada) estuviera acaso dispuesta a creer que 'me iba a morir de amor al verte sentado en mi portal'. Como si creer semejante idiotez, no la desclasificara por psicótica, obsesiva y neurótica. Como si eso no fuese un error de entrada.

Hay gente que conoce a la pareja de su vida en un bailadero, tal vez sonando algo tan intrascendente, en otras dimensiones, como Calvin Harris o Rihanna. O Lady Gaga. Incluso los debe haber cuyos corazones son adecuadamente expresados por estos seres u otros, como Otto Serge, Jorge Oñate, Moderato o Panda. Bueno, o Moby, o Sting: sí, también pueden ser estos u otros, porque no que estoy apuntalado los corazones a canciones espantosas. ¿Por qué no creer que la filosofía acumulada (¿escondida? ¿atribuible?) en la obra musical de Iron Maiden o de Calle 13 es un requisito para un vínculo erótico- afectivo entre dos almas? (Nótese: Almas. Esto es ya un indicio de perversión del pensamiento. Claro que el amor como  ente infeccioso es un tema romántico clásico. ¡Qué bodrio! Aclaro que si fuese entre almas, lo erótico sería mucho más aburrido).

Bajo esta multiplicidad de gustos y disgustos musicales, podría esconderme y no defender en particular a la señorita Montero. No tendría que explicar que busqué infructuosamente una supuesta versión de 'Nothing compares 2 U', ni que esta pieza es imposible pero que sería una joya porque con ese tema los nerds antedichos decidieron que era ella y su voz anormal la que debería acompañar sus cursis ensayos musicales. Ni que me saca sonrisas su sonrisa, ni que me gustan sus faldas y sus carnes entrevistas.

Hay algo allí, no lo niego, pero pienso dejarlo enunciado hasta ese punto. Lo que sí quiero contar es que encuentro en ella una imposibilidad existencial crítica. Ya habiéndote burlado, por el hecho que hayas pasado los ojos y la mente por semejante término tan escabroso, lo importante por decir es que su existencia es imposible de modos críticos. Por un lado, los años y el márketing la han hecho cada vez más cercana a su arquetipo físico, borrando lo que ella tenía de accidente. Sí, me puse pesado. Creo, para salir de esto rápido, que lo que hace a la gente gente es la acumulación de historia, los desperfectos, las cicatrices, las arrugas, los cuentos de historias maltrechas. En ella, sus brazos gorditos, sus cachetes. Aquella mujer de belleza local que uno podría fácilmente poner en una taberna en algún lugar de España bebiendo cerveza, o en Quiebracanto de vacaciones taconeando salsas con la misma cerveza, es ahora una sombra a lo barbie de sí misma.

El mercado lanza nuevas voces y ella ha creado una categoría. Primus inter pares, podría decirse. Un grano de arena en esta playa de mi vida (para seguir con las referencias mal escondidas). Su unicidad se desvanece, a la vez que se convierte en un estándar. (Otro ataque romántico: lo único e inefable de un "alma" [¡qué horror, mea culpa!] y por tanto la pérdida infinita cuando la única y especial alma se desvanece).

Claro, es el paréntesis el problema real, no las farsas dichas a todo volumen. Que más linda, que repetida y copiada, y en ambas un dolor existencial. Bullshit, mierda o (en una expresión caribeña) "ya vino a hablar". La imposibilidad es que esa pose, esa persona (imagínate que aquí está escrito persona en griego antiguo y se hace una referencia a lo que eso significa), ese personaje que reflejan las canciones romanticonas llenas de 'rasgar vestidos', 'muertes' simbólicas y poéticas todas, de lágrimas, dolores y cosas enterradas, de princesas, de dementes, de fenómenos atmosféricos con cargas emotivas, de renuncias, abrazos, despedidas, confesiones, etcétera, no existe.

No en este universo cultural, no en ese. Es una condensación, un compuesto, un concentrado. Un bebedizo, si se quiere. De eso ya no hay. Posiblemente la sobredosis de ridiculez de las producciones televisivas y fílmicas en contraposición y cooperación con la sobredosis de realidad de las historias vivenciales del amor hacen impensable e inviable un ser que se defina así.

Sí, inviable. Como lo sería un mamífero sin corazón. (Siempre quiero un oxímoron, pero resulto con cosas confusas como estas.)

Bueno, y si tal cosa existiera, y fuera Amaia su ejemplo, no tiene duplicidad. Siguiendo con un hilo biológico, sería la última de su especie (una trama, nuevamente, romántica). Cosa que muchas y muchos (en especial las y los que se sientan aludidas y aludidos con este paréntesis) considerarían una victoria. En otro lado se podría discurrir sobre el dispositivo de dominación que es el romance y el amor romántico. Un par de artículos he encontrado y supongo que miles de títulos se acumulan en bibliotecas físicas y virtuales en todo el universo académico al respecto.

En otro título académico (sí, esto es un rodeo más) consta que en algunas décadas se podrán evitar y tamizar todas las causas congénitas de la sordera; y que los implantes cocleares serán biotecnologías al alcance de todos; ergo, la sordera y los sordos serán una imagen en sepia de un pasado más difícil. Los sordos protestan. Hay en ese modo de vida un carácter especial y unas peculiaridades culturales que no quieren perder. ¿Podría entenderse que una familia de padres aceptara una sordera curable para mantener una magia cultural difícilmente explicable para quienes oímos?

Podría ser que se mantengan esos legajos de tristezas históricas. Como los modales de los restaurantes que emulan cortes corteses. Puede ser que relaciones firmes guarden un poco de dulzura loca. De la dulce locura que se va con el domingo que acaba.

Mañana puede ser que me ataque Nirvana o The Clash. Y todo será mejor.

2011/11/29

Imprenta

En el fondo neutro me has visto. Estándar, conforme, consistente he estado frente a ti. Esa voz que me has dado -más tuya que mía- ignora la a que no se cierra bien, la ce mentida, la ge grosera, grotesca que el calígrafo abandona pronto.

La entonación la he insinuado y el contenido tal vez lo forcé. Estoy allí como fantasma, como silente rector; menos que esfuerzo de poeta, menos que voz de trovador, un ser intuido a medias, un lerdo Cyrano lejos de Bergerac.

Siempre es un grito acallado mi cuerpo, en busca de un cómplice que se declare lector. No me piensas, soy un flujo, una lluvia, un río. Un exceso, un desborde, una continua sucesión. Una sarta de alfabetos en desorden.


El río mío de letras se ahoga en sus rayas perdidas, deformes, obscuras; ahoga también la palabra toda, el uso de la palabra, el discurso y la lectura. Tipo mejor que el gafo grafo, cojo y maldicente, aunque ambos tambaleen la triste vera de esta mente...

2011/11/27

Contribución a la etología felina

No siento cuando sube a la cama, es sigilosa. Sí siento cuando salta hasta el televisor y su regordete cuerpo se posa con sutil elegancia sobre la caja tonta. Da algunos de esos mínimos pasos y se posa. Se sienta con pose de reina y mira la cortina.

Yo desde el salto estoy volviendo de mis conferenciados sueños, cosa que no viene al caso. Sé por referencias de terceros, por reportes personales entregados a mí y por la experimentación con sujetos de estudio, que los humanos no son dados a despertar, menos por agentes externos; así que creo que pocos se alegrarían como yo con ella despertándome con ondas de choque en mi colchón. Podría ser un cobro kármico, puesto que yo por diez años torturé sin saberlo a uno de mis hermanos, despertándolo con una sacudida en los pies, cinco días a la semana, diez meses al año; cuando él pudo despertarme, me zarandeó suficiente para despertarme por varios días y con eso aprendí que las ánimas jalando patas desde el más allá son realmente una espantosa amenaza metafísica; inicié esta desafortunada ‘frase’ con podría ser un cobro kármico, hace más o menos mil palabras y cuatro tristes novelas, pero no lo es. De hecho, yo disfruto el salto minino, así me tome mil palabras volver del mundo de los sueños. La razón es simple, mi aparatoso despertar ensambla con su elegante ritual.

Si no es obvio, no solo me despierto, me levanto de la cama y camino. Lola me ha entrenado para cumplir una simple tarea que es a diario mi primer acto de servicio al mundo. A tientas, titubeante y sonso (esto no a causa del sueño sino de mi continuada existencia), y abro la cortina, la cual ha sido el objetivo de la mirada fija de emperatriz, de esta inmutable emperatriz. Ella cambia el enfoque de sus ojos hermosos y si algo atrapa su atención, mueve la cabeza. A menos que sea un día muy frío de esta ciudad sub-glacial, entonces mantiene el enfoque hasta que yo quito la condensación del vidrio; entonces cambia el enfoque y tal vez se mueva.

Yo la miro y ya, me gusta que esté allí. (Viene siempre, se queda pocos días.)

La miro y no más, porque ella no me deja tocarla. Está bien, es independiente y fascinante. Es suficiente para mí que exista y yo tenga noticias de eso, ¿para qué voy a querer contagiarla de mi patetismo?

A veces a hurtadillas, casi a escondidas, se sienta cerca cuando yo me siento a trabajar en el computador. El perro delata su ubicación, los perros son otra historia. Le beso la cabeza, la frente para ser exactos, cuando ella lo permite. Supongo que igual que el perro, un día andaré con un rasguño en la nariz por esa costumbre. Vuelvo a trabajar, como ignorándola, ella vuelve a cerrar los ojos ignorándome sin ignorarme. La veo mover su oreja vigilante, casi mirándome, llamándome al orden para volver a trabajar e ignorarla realmente.

Cuando como arequipe, siempre aparece y aunque los libros dicen que los gatos no perciben los sabores dulces, yo la veo una dulcera delirante.

En las tardes cuando vuelvo de la ronda por el mundo, ha vuelto al televisor a ver por la ventana. Por algún tiempo se queda en el mismo espacio conmigo. Luego se aburre y busca algo que la entretenga. Se va con su paso real y el aura de solemnidad de la habitación se disuelve. Ya ha anochecido y yo no tengo fuerzas para seguirla. Tampoco nada que ofrecerle.

Vuelvo a dormir. Mañana tal vez me despierte.

2011/09/23

Motivo

¿Y ya para qué la música si el fin está tan cerca; a qué vienen las palabras si nadie oye? 

2011/03/19

Tercetos melancólicos

Dime cuál es el final.
Así estaré allá
cuando tú llegues.

*    *    *

La noche viene siempre
Cuando se pone el sol
Tras tu sonrisa.

*    *    *


Es tuyo
Un camino
diferente.

*    *    *


En la cima se separa
El camino del viento
de los caminos tuyos.

*    *    *


El resplandor en la lágrima,
El sol negro tras las nubes
Y tu sombra distante.

*    *    *


No veo el gris urbano
Ni las grietas del tiempo
Cegado por tus ojos

*    *    *


Es el vino bueno 
Si prodiga la palabra
Entre amigos.

*    *    *


No es noche
Esta soledad
Que me dejaste.



2011/01/11

No creo

No le creo a nadie, nunca he creído en nadie. La gente no me despierta confianza ni nada parecido. Sé de tantas formas de engaño, de tantas veces que la gente ha mentido. Dejando de lado ese sesgo general que nos protege a todos (homo homini lupus dijo Hobbes y sigue siendo cierto), tampoco les creo porque los conozco personalmente. Sé qué han hecho y qué pueden hacer. A veces incluso ya lo han hecho sobre mí y lo han olvidado o, lo que es lo mismo porque la individualidad es una mentira, lo han hecho a otros frente a mí.

No espero tampoco que confíen en mí, porque yo sé de lo que soy capaz, de lo poco y de lo mezquino, de lo malévolo y enfermo que soy capaz. Mentir es cosa que sale natural para todos. Enunciar es mentir, o lo será por causa del tiempo o de la rutina.

Voto por el silencio simple. Por el silencio de la muerte.

2010/09/26

Esbozo de testamento

Aquí me quedaré. El último tramo es oscuro pero eres luz. Gracias por tu fuerza que me ha traído a este punto.


Toma mi agua, tú la necesitarás. Sigue cuando sea prudente. 


Reza y olvídame pronto.

2010/04/02

Días después

Difícil de explicar pues nunca ocurrió –el árbol que cae en el bosque y su sonido mudo–. Creo que he soñado. Desperté, caminé. El sueño invisible –inaudible bosque en el que no estuve– luego floreció. La fruta, más tarde, fue pesadilla.

Delirio de fuego azul –“ese azul que los ingleses llaman gris”– en medio de la falsa noche. Vanas palabras, inconsciencia. Feliz ignorancia del que sueña solo: Aves del paraiso que son casuarios con el alba. ¿Fue un disparo aquel relámpago? Perdido proyectil, ¿cuál fue tu andar? ¿Dónde estuviste tan largo tiempo?

Si he muerto, que sea esta la última vez.
La razón material engaña a cualquiera. Matar o herir sería la disyuntiva de la razón final, ¿y qué con ello? No hay sujeto en la oración, sólo complemento directo. Álgebras de palabras ante la tempestad.
* * *
Ruinas han llegado. Gris polvo. Ceniza eterna.
Mil responsos al aire y tanto dinero a las plañideras.
Ajeno es el que se entrega.
–Sobre devuelto al destinatario.–
El folclor debe tener un demonio hueco que ronde la nada.
Aunque no habría razón para que esta sombra visitara lo humano.

* * *

Y allí, una sonrisa. Una sonrisa que no es, que se miente a sí misma. Se llama sonrisa igual que una daga puede llamarse flor. Reír: ¿qué es tal actividad? En su sabiduría infinita, el demonio ríe; el mono [Pan sp.] ríe con un fin que es otro al nuestro; la Luna cambiante ríe a veces al poniente; monjas muertas ríen ante tristes dolientes; por alguna razón inaccesible ríen los bebés. Los signos de Mohenjo-Daro siguen perdidos en el tiempo, nada fuerza a que un signo actual no desaparezca en la misma forma. Hoy esta inmensa roca es hito, luego lindero o lápida y después seguro vuelve a ser canto.

Y al fin, siempre al fin, polvo.

2009/08/17

Llévame... [circa 2004]

Llévame. Arrástreme. Dilúyeme.

No quiero estar en un mundo indolente al drama del atardecer.


Desátame. Desdibújame. Difúndeme.


Quiero fluir bajo la tierra, quiero ser un día savia y verdor.

Disuélveme. Desgárrame. Derríteme.


Que tu esencia me haga uno con el mundo, hazme como tú.


Ablándame. Amáiname. Acaríciame.


Así olvidaré que las palabras con el tiempo van pasando más.


Cántame. Respóndeme. Guíame.


Di que vendrá el silencio, que el lenguaje cesará.


Recíbeme. Acéptame. Cuídame.


Eres tú la vida y a ti regreso al fin del camino.


Guárdame. Lávame. Cúrame.


Sabes que quiero ser bueno, llévame a la luz,


llévame, llévame...

2008/09/09

Desleído

Quisiera escribir el peso de mi pecho,

[Relleno]en una página quedaría;
[Relleno]podría olvidarlo, perderlo;
[Relleno]tornarlo tinta y que se secara;
[Relleno]que se fuera en una hoja al aire;

Quisiera que la página pasada no volviera.

Luna, noche

Noches de Luna sin mí

[Relleno]Sombras que llovieron
[Relleno]ruedan por la cuneta
[Relleno]con el hampa, las putas y el humo

Lunas de noche sin mí

2007/09/28

Contemplación de juglar

Estaba como contemplando el llanto
sin lograr encontrar las lágrimas.

En su boca se iba acumulando un lamento, inconcluso todavía por las palabras negligentes, y sobre los hombros se le sedimentaba un tedio pardo como el tiempo mismo, ese tiempo que era un hilo de cometa.

Había remotando mil días de pendiente contra nubarrones densos, el peso del menisco, y contra las indomables, imprevisibles corrientes que borraban los logros.

Sus ojos seguían, sin ganas, cómo se iban apilando, sin gana, los kilómetros de este camino repetido que cruza la oscuridad y termina en su hogar.

Esa mirada femenina atendía al mundo sin fijarse en él, era como una princesa anhelante en el balcón en espera de las noticias allende las murallas mientras el atardecer paría de nuevo la noche, la Luna y las estrellas con derroche inmenso de colores en el cielo.

* * * * *

En verdad le hacía falta conocer los actos de los juglares, perderse en el baile de la palabras, embriagarse del abrigo de la amistad peregrina, sacudir sus pesares y, con canciones, moldear una sonrisa para su cuerpo.

Hubiera sido fiesta si nos hubiera dado su música y no aquella mirada.

Habría quemado sus condenas rastreras en la fogata pagana, juntos todos nos habríamos visto con su licor amargo, y al punto terminado, vinos dulces vendrían como regalados por ángeles.

El sueño nos hubiera ofrecido un nuevo comienzo, uno promisorio y luminoso como ella misma, para recuperar desde allí los legados del recuerdo.

Pero ella, aunque no encontraba las lágrimas,
estaba como contemplando el llanto.

2007/08/06

La galleta de fresa

Ha llegado la hora del almuerzo. La tarea de fijar las vigas I de este futuro rascacielos, se convirtió en cosa de locos desde que el gato y el ratón se corretean entre las mezcladoras de concreto, los pernos y nosotros, los trabajadores neoyorquinos de la construcción industrial de los principios del siglo veinte. Me intriga tanto el tono gris de ese gato como el marrón imposible del ratón. No parecen más que dibujos. En fin, yo tengo en la lonchera un almuerzo que espera. Devoro lo sólido y despacho con celeridad esa materia líquida que imita, sin lograrlo, las cualidades del jugo. Un descubrimiento inesperado me alegra: un paquete de deliciosas galletas. Procedo a destaparlo.

Apenas se asoma del paquete, la galleta muestra su rosado rostro de descontento y me dice que “No podía ser peor. En verdad que eres un imbécil de primera”. Lleno de ira (aunque estamos de acuerdo en lo básico del postulado) la muerdo con fingida cara de neutralidad. La maldita decide entonces causar problemas y se aloja en eso que los hombres serios llaman epiglotis, o un poco más arriba.

Con las manos en la garganta (como buscando el cierre de la cremallera) descarto mentalmente mis opciones. Me agradaría gritar por ayuda, pero si pudiera, sé que el mundo hallaría una forma de evadirme. Supongo que estar a decenas de metros sobre el mundo de los corredores de bolsa es una excusa que indudablemente esgrimirían. Claro, nadie hablaría de la molestia de arrugar sus gabardinas ni de exponer sus portafolios al abandono citadino. Descubro, pues, que la asfixia da tristeza cuando no tienes amigos que te aprieten el abdomen y más aún si Tomás, el gato, pasa saltando en un martillo neumático con cara de desesperación.

Caigo de costado, del lado derecho, creo. Lo importante es que caigo sobre una viga en vez de caer al vacío. Por supuesto, no iba a morir por una caída, el mundo no es tan amable con nosotros los simples. Algo eléctrico en mi espina me hace quedar arrodillado y con toda la fuerza de mi vientre empujando la lengua. Al borde de explotar por la presión, cuando ya veo nublado y con manchas negras, distingo con dolorosa certeza otra galleta que se ríe de mí a carcajadas dentro de su plástico paquete.

Ya no siento nada, no siento mis manos, ni la penetrante melancolía que me trajo hasta aquí, ni la indignación de los Rockefeller por la obra de Diego Rivera, ni la futura depresión, ni la presión de la mafia italiana, ni el ansia por un fonógrafo, ni siquiera intriga por el placer del opio. Ahora sólo están en mí el dolor profundo dentro del cuello, el sabor a babaza, el dolor de los pulmones y el cansancio de toda una vida de mil caminantes en mis molidos músculos.

Supongo que moriré y vendrán impagables deudas sobre mis deudos. Aunque de momento no recuerdo ninguno. Creo que así es mejor. Me intriga qué dirá mi casera, Gloria. Nada, creo; ella nunca habla. ¿Y mi capataz? Seguro que el sí distingue mi cara y mis habilidades. Pero ya no importa, así como tampoco importa si esos animales son reales. ¿Cuánto de esto será un sueño de alguien más? Ojalá todo, así no tendré que preocuparme si aquella reía por su estupidez o su crueldad.

2007/08/02

Consideraciones simples

Comida, prédica y una bendición ofrecen los monjes,
Una angustia libertaria se hiela con uno en la banca,
El trasegar del insomne continuo regala dolores,

Los aposentos del monte son adornados por rústicos sonidos,
De hotel la noche no es una experiencia estándar
Y las pesadillas se eluden en un sofá amigo.

Consideraciones simples que no son de viajero.
Los muchos grados del frío en las solitarias noches
Los aprendí por ser entre los míos extranjero.

Amanece cada vez y vuelvo a sentirme extraño;
Me pregunto si de veras soy hijo de los vientos
O si es mío algún lugar que aún ignoro.

Cuartetos sonoros para mi velorio

(Un lector por cuarteto)

Llegaron mis días
O ya no llegarán.
No faltó algarabía
Ni motivo para llorar.

*

De mi puerca vida vagabunda,
Yo les puedo dar explicación:
El que andemos certeros a la tumba,
Nunca fue para mí motivación.

*

Si me siento a hacer balance,
El Cielo está a mi alcance:
Yo ya cumplí mi meta
De ser perro alcahueta.

*

Éxito es perseverar por un motivo
Y hasta el tuétano entregarse
O hacer como yo y jactarse
De carecer de todo objetivo.

*

Vano es todo lo escrito,
Palabras que al aire irán,
Por eso yo les repito
Al fin da lo mismo silbar.

*
De mi vida el ajetreo
En detalle cuéntalo
La afinidad con Tántalo,
Sísifo y Prometeo.

*

Los dioses quisieron por destino,
Por castigo, por pena, por congoja
Esto que vino a ser mi estilo:
Que toda rima mía salga coja.

*

Que conste en mi testamento:
De este ilustre simio
Es sólo el aporte tibio
A este trozo de cemento.

*

Cuando zarpe mi barca,
Todo lo mío cedo,
Porque en vida todo se paga
Y a nadie decente debo.

*

Aunque por obras no cumplidas
De antaño tengo comprometidas
Mil plegarias a los santos,
Y tantos millones a dos bancos.

*

Verán en mi nido ciertos bienes,
Propios de la gente de los caminos;
Y aquellos libros en los anaqueles
Que si no leí, pues no fueron míos.

*

Embargar aquello devendrá reto.
Y yo les digo como buen poeta
Que si no pudieron cobrar la letra,
Yo feliz les regalo todo el alfabeto.

*

Mas si quedaran acreedores,
Que lleven cerveza a mi funeral
Y se lucren dichosos estafadores
Tornándolo carnaval.

*

Sea, pues, mi mundana despedida
Tal cual para el pueblo primitivo,
En derroche alegre se dé vida:
Que la muerte para fiesta sea motivo.

*

Donde les plazca, hagan mi funeral
Dado que este rito desdeño
Pero sobre el velorio ordeno
Sea en prostíbulo de arrabal.

*

Vengan zorras y mojigatos
A verme dejar esta tierra,
Dejen en paz a los ingratos
A un lado hablando mierda.

*

También es bienvenido
Aquel inmenso grupo
Que me tiene (no los culpo)
Por cerdo mal parido.

*

Que los mojigatos se agobien
Y que los crueles se alivien.
Ilusos ambos sobre la muerte
Y de cómo cambia la suerte.

*

Al más mentiroso ruego
De mis padres se ocupe
Componiendo un embuste
Que me pinte como bueno.

*

Para vestir al cadáver
Ni ropa nueva ni prestada,
Mejor vestido no puede haber
A mi sucia piel arrugada.

*

Y no se preocupe ningún doliente
Si al tanto parezco dormido,
Pues esta vez, seguramente,
No joderé con el ronquido.

*

Porque me fui que no lloren
Ni por mis pecados oren.
Mi condena ya fue disfrute
Y mi soledad, eterno lastre.

*

No caiga en mi caja el llanto
De ciertos amores callados.
A este punto ya estoy harto
De tanto andarlos buscando.

*

El llorar sólo será aceptado
De a quien en verdad le duela.
Comprendo. También me ha afectado
En vida un dolor de muela.

*

Y no clamen por mi regreso
O bien pronto será su rezo
“Mi Santo Jesús Resurrecto,
Líbranos de este espectro”.

*

Como fantasma puedo ser peor
Repitiendo siempre mi eterno error:
Permanecer sin que importare
Y hablar al que oír no quiere.

Faltas múltiples

Me faltan una linterna de diodos,
Un sleeping bag, dos alas y un diploma.
El coraje nunca lo tendré
pero por no dejar, me asomaré a los campos.

También falta matar a Borges, terminar con Poe
y acompañar a Neruda en los puertos.
No seré Dostoievski ni Rimbaud,
sólo otro escribiente incompleto.

Me falta la carne
y el espíritu lo he perdido.
Me falta la muerte y la vida
porque a ninguna le hallo provecho.

Me falta aprender medio diccionario
y hacer mía la lengua francesa,
cocinar en navidad
y creer que el amor es de verdad.

Me faltan fuerzas que tuve ayer
y que mi corazón ande por sí mismo.
Creo que con el tiempo me he oxidado:
no creo que el fénix vuelva a renacer.

Me falta hambre para comer;
sueños para soñar; sed para beber;
me falta en esta vida seca, amar
y en mi mente hueca fe.

El amor

Yo recomiendo el amor, para que mueras por él cada instante. Ama a diestra y siniestra, ama con ardor, con pasión, con todo el ardor del v...