La entonación la he insinuado y el contenido tal vez lo forcé. Estoy allí como fantasma, como silente rector; menos que esfuerzo de poeta, menos que voz de trovador, un ser intuido a medias, un lerdo Cyrano lejos de Bergerac.
Siempre es un grito acallado mi cuerpo, en busca de un cómplice que se declare lector. No me piensas, soy un flujo, una lluvia, un río. Un exceso, un desborde, una continua sucesión. Una sarta de alfabetos en desorden.
El río mío de letras se ahoga en sus rayas perdidas, deformes, obscuras; ahoga también la palabra toda, el uso de la palabra, el discurso y la lectura. Tipo mejor que el gafo grafo, cojo y maldicente, aunque ambos tambaleen la triste vera de esta mente...
El río mío de letras se ahoga en sus rayas perdidas, deformes, obscuras; ahoga también la palabra toda, el uso de la palabra, el discurso y la lectura. Tipo mejor que el gafo grafo, cojo y maldicente, aunque ambos tambaleen la triste vera de esta mente...
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