Me he parado
a mear
y a la vuelta
-en la mesa-
me espera una noticia
inquietante:
que no es mío el hijo,
ese, aquel
que nunca engendré.
Han llamado
de la empresa
y me anuncian
sin júbilo alguno
que el cubículo
que no tuve al inicio deste año
me espera,
por supuesto,
el pasado enero.
El camarada
de juegos de primaria
me escribe
diciendo
"un, dos, tres,
por vos
que no estabas jugando".
Falta pues
que venga
Diana,
la cazadora,
a decir que, claro, se ha casado
pero el sí
me lo ha dado
a mí.
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2008/09/09
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